IGLESIA Y CULTURA EN EL OCCIDENTE BARBARO.
La característica que podría definir el tránsito del mundo de Antiguo al Medievo es la crisis que abarca la Edad Media.
Si la crisis afecta a todo orden, incluso a la natalidad vigente, será la Iglesia el elemento que se erigirá como fuerza unitaria ante tanto desorden. Pero para ello se hacen necesarias dos cosas:
a. EL fortalecimiento político de la Iglesia
b. La hegemonía del Obispo de Roma.
Entre los siglos VI-VII, se producen transformaciones y la articulación de toda la sociedad de la que la Iglesia formará una parte muy importante. La articulación de la Iglesia es una jerarquización de igual modo que la jerarquización civil. Los marcos institucionales necesarios para esta Iglesia serán las iglesias regionales que ocuparían el espacio político de cada uno de los reinos bárbaros con sus propias leyes y su propia liturgia, aceptando siempre la primacía de Roma en honor y doctrina y más áun, desde finales del s. VII, unos vínculos crecientes de piedad manifestada en el culto a San Pedro y la peregrinación a las tumbas apostólicas de la Ciudad Eterna.
En el plano organizativo de estas iglesias, la figura clave es el cargo de Obispo. La elección de esta figura es variable según el territorio y la época: en el caso visigodo en Hispania o en el caso de los merovingios en Francia. La elección del obispo saldría del Concejo asesor del monarca, sobre todo comienza a aparecer una tendencia a la formación de Iglesias nacionales con la finalidad de buscar cohesión interna manteniendo la jerarquía: El Corpus o Colegio Episcopal.
Antes de que ocurriera la plena integración del s. VII en las condiciones de la barbarie Altomedieval, las Iglesias católicas han conocido, salvo en Francia, el problema del arrianismo que practicaban los germanos políticamente dominadores en gran medida como medio de salvaguardar su cohesión de grupo frente a la inmensa mayoría de provinciales católicos.
Aunque el arrianismo pudo ser un pretexto de los pueblos germanos, nos llama la atención que desde el principio, la coexistencia arrianismo –cristianismo se observa sobre todo en la monarquía visigoda, basada en la tolerancia y en la declaración en el 587 de la oficialidad de la religión cristiana ante los visigodos en el III Concilio.
Los recintos eclesiásticos se mudan al campo creando una red de parroquias dependientes del Templo Central ubicado en la ciudad, que proliferan entre los s. V y VI. Sus párrocos gozaban de mucha autonomía, aunque con poderes sacerdotales limitados porque en las grandes fiestas litúrgicas y para actos sacramentales relevantes se empleaba el templo episcopal. El obispo intervenía en el nombramiento del párroco, que pasará ahora a hacer un control periódico de esas parroquias y a presidir por Pascua el sínodo diocesano al que todos los clérigos habían de acudir, además de participar en el disfrute de las rentas eclesiásticas según un criterio de reparto que fijan los cánones de cada “iglesia regional”.
A partir del VI, surgirán las Iglesias Privadas dentro de las grandes propiedades, confluyendo la jurisdicción episcopal y el patronato de los fundadores laicos y sus herederos. Comienzan a aparecer en Asia Menor y África como en Occidente desde ya el s. V en las grandes propiedades agrarias. La Legislación justinianea reconoce al patrono fundador la propiedad sobre el templo y el derecho a elegir al clérigo al que el obispo aprobará. El Derecho Romano y la legislación Hispana niegan tal derecho de propiedad y limitan la facultad del propietario a la presentación del clérigo ante el obispo correspondiente que habría de nombrarlo. Es por esto por lo que en Occidente, herederos del derecho romano, la iglesia privada no se expande en la misma medida que en Oriente.
El régimen de iglesia s privadas ganó terreno durante el s. VII y fue durante cuatro siglos el procedimiento más frecuente de templo rural. En el que las relaciones privadas entre patrono, clérigo y bienes eclesiásticos predominaron sobre las referentes a la jerarquía episcopal, convirtiéndose en una faceta más de la sociedad feudal que se formaba entonces. Los patronos, además de conservar la propiedad del templo y bienes anexos, nombraros a los clérigos que servían de curato, percibieron en su beneficio las rentas y limosnas, e impidieron a menudo que se ejercieses las funciones de control propias de la jurisdicción eposcopal, sobre todo en Francia, donde el proceso de secularización y degradación en la calidad religiosa de los titulares de sedes fue mucho más fuerte por ejemplo, que en la España visigótica del VII.
El desarrollo del Monaquismo.
A partir del s. V, la población comienza a dividirse entre los que se aislan y los que se dedican a la común.
En el s.VI se regirán por un Codex Regularum, que servía de orientación a cada abad y a los monjes que acudían al cenobio, en el momento de fijar el pacto o condiciones de su mutua relación en la vida monástica.
En torno al monaquismo irlandés se organizó la cristiandad céltica en Irlanda, aislada del resto de la Iglesia durante más de un siglo. EL evangelizador de la Isla, S.Patricio, fundó los primeros monasterios en Armagh donde establece sus sede episcopal.
La iglesia Irlandesa se organiza a partir de las comunidades familiares, clanes y tribus, a las que se adaptaron las fundaciones monásticas, nutridas con individuos surgidos del mismo grupo. Al no haber diócesis territoriales, los abades, cuya autoridad es absoluta, disponen de in poder mucho mayor que los obispos, a menudo monjes sujetos a ellos. El monasterio estará formado por cabañas en torno al templo, de madera (los monjes solían ser expertos leñadores), dentro o cerca de alguna fortaleza clánica. El uso culto y litúrgico del latín es extendió y conservó en el seno de una cristiandad que jamás había empleado aquella lengua. La cristiandad irlandesa fue el primer éxito de la Iglesia en un mundo enteramente bárbaro.
La Regla Benedictina definiría de modo preponderante siete siglos de historia monástica europea. Fundada por Benito de Nursia redactó su regla hacia el 534. La Regla de los Monjes de San Benito preconizaba un nuevo estilo monástico, comunitario, moderado, práctico, muy propio del espíritu latino y alejado de los extremos ascéticos e individualistas del monacato oriental y del irlandés. Sus posibilidades de adaptación en el ámbito rural europeo eran excelentes:El monasterio era un cenobio de personas organizadas para el servicio divino, bien como monjes plenos, bien como oblatos. La comunidad es una familia a cuyo frente el abad hace funciones de padre, al modo romano, y admite la clientela de los campesinos próximos al monasterio.
El monasterio benedictino será considerado como un reducto de los derechos individuales dentro de un mundo dominado por la servidumbre campesina, pero rechaza toda experiencia opuesta al orden y la disciplina del grupo. Los deberes personales y comunitarios se fundan en el principio de que el cuerpo ha de ser tratado de forma que pueda ser soporte adecuado para una vida de mayor perfección. Los monjes practican la austeridad (pero no la miseria) en su comida y vestido, la obediencia al abad, aunque sin vejaciones, hablan poco sin considerar que el silencio absoluto sea de por sí una virtud, como ningún otro extremo. Viven según la hora solar, a modo del campesino, repartiendo su tiempo entre las siguientes actividades:
- De 6 a 9 horas de sueño
- De 6 a 8 horas de trabajo
- De 3 a 4 horas de rezo comunitario
- De 3 a 4 horas de rezo individual o de lectura.
Su vida monacal es continua, pues apenas pueden abandonar el cenobio, pero compatible con los deberes de hospedaje y enseñanza hacia personas ajenas a la comunidad. La tendencia hacia el equilibrio y la mesura, dentro del cauce monacal, tendería a asegurar que la naturaleza humana pueda abrirse hacia la perfección imaginada por S. Benito.
Las misiones evangelizadoras:
La importancia de estas iglesias nacionales debida al apoyo de la Iglesia y a la conversión de Reyes germánicos tienen diferencias sustanciales según el territorio:
Inglaterra: dominada por los germanos no sobrevivió el cristianismo y fue preciso un proceso nuevo de evangelización, que comenzó cuando el papa Gregorio I organizó la misión del monje Agustín y su grupo de compañeros, cuyo resultado sería la creación de una iglesia inglesa relacionada muy estrechamente con Roma. Su actividad misionera comenzó en el Reino de Kent. Funda en el 600 la sede en el Monasterio Benedictino de Canterbury. La misión progresó aprovechando la posibilidad de cristianizar costumbres, fiestas y lugares de culto pagano,
El mayor obstáculo sería la rivalidad entre clero de obediencia romana y monjes celtas. Se produce aquí un choque entre la obediencia a la Iglesia de Roma y el Monacato Celta (muy estricto y aislado y sin vida comunitaria). Mientras los continuadores de Agustín cristianizaban Kent, Essex, Wessex, East-Anglia e incluso parte de Northumbria, los irlandeses procedentes de Iona instalan un monasterio en Lindisfarne y actúan como misioneros en este reino y en el de Bernicia. Poco después, establecerían un monasterio dúplice: el Monasterio de Whitby, en el que se celebró un sínodo presidido por el Rey Oswy por el que los irlandeses reconocieron la autoridad de la sede romana y su liturgia y organización. Irlanda se adhirió a sus cánones, seguida de los Celtas de Gales y Cornualles ya a mediados del VIII. Fue Teodoro de Tarso, enviado por Roma el organizador de la administración eclesiástica. Los monasterios nuevos se convirtieron rápidamente en centros culturales de importanciam aunque la organización de la iglesia inglesa no concluyó hasta la época del obispo de York (766).
Italia: La cristianización era total después de la conversión de los lombardos y el renacimiento monástico tendrán un gran auge como centros de guía espirituales y recintos de poder.
Francia: Adquieren importancia las Iglesias regionales entre los merovingios, pero será con los Carolingios cuando se supeditará la Iglesia al poder, llegando a proclamar al Emperador.
El Obispo de Roma en los s. VI-VII mantiene tensas relaciones con Constantinopla y su supremacía viene abalada por el Evangelio de S. Mateo que hablaba del Primado de......... y en Occidente el Papa se convierte en el interlocutor con las poblaciones bárbaras contribuyendo a su evangelización. A partir de ahora se planteará la tesis de los dos poderes: La Potestad Real y la Sagrada Autoridad de los Papas.
A fines del s. VI y principios del VII, aparecerá Gregorio Magno (Gregorio el Grande 590-604), que pondrá las bases del Estado Pontificio o el Patrimonio de La Santa Sede. Gregorio, excelente diplomático y administrador, fortalece la autoridad ilimitada del Papa, intentó una labor misionera y evangelizadora. En esta fecha de su reinado coincide aproximadamente con el fin del dominio bizantino en Italia y el cambio de Dinastía n Francia, que a partir de ahora comenzará a ser nombrada por el Papa. Incluso, se podría decir que a partir de él optará por la dirección de una iglesia católica frente a una Iglesia Cristiana.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario