EL ISLAM
1. MAHOMA.
Del Islam no se puede separar el Estado dela Religión: el Islam es una forma de vida.
Cambia el curso del territorio y de la población desde el Magreb hasta el Indostán.
El origen y desarrollo del Islam tiene la apariencia de un pueblo, prácticamente desconocido que se unificará bajo el impulso de una nueva religión. En el s. VII, será la mayor protagonista del mundo conocido. Hacía ya más de 200 años que la cultura del Imperio Romano se había desmoronado en Occidente, y en Oriente pervivía a pesar de continuos enfrentamientos con la Persa Sasánida.
La Península Arábiga es una meseta con una parte interior que constituye un gran desierto (Siria) y sólo en una pequeña área marginal: el Yatrib, dónde se producirán las principales transformaciones debidas a Mahoma o Muhammad.
Hay carencia de documentos de archivo en comparación con la que tenemos para Europa: los estudiadores orientales son fundamentalmente lingüistas y por que el Islam se analiza desde el punto de vista político sin tener en cuenta, muchas veces, las diferencias entre el Islam Clásico y las distintas interpretaciones posteriores que se han hecho.
Sociedad antes del Islam.
Nómadas: constituían la mayor parte de la población (beduinos). Tuvieron un papel principal.
Población agrícola: intentará liderar la expansión hacia otros territorios.
Hoy en día se puede afirmar que el elemento beduino, organizado en tribus y con una religión muy pobre, seguían los dictados de un Sayj y, si es verdad que en el s. VI lo habitual era el politeísmo que relacionaba a los seres adorados con árboles, fuentes o piedras sagradas; y será sobre este politeísmo sobre el que van a actuar dos fuerzas decisivas en la configuración del Islam:
1. La evolución hacia un panteón independiente de dioses.
2. Monoteísmo subyacente en la primitiva religión árabe: Se dice que había una preocupación por si podría existir una única divinidad superior.
Muhhamad:
De todos los fundadores de religiones, Mahoma es el que cuenta con un perfil histórico más acentuado. Pero se veía de distinta manera en el mundo Occidental que en el Oriental:
En Occidente, hasta el s. XIX, Mahoma siempre será visto como un hereje o como un apóstata y a partir de aquí se tendrá una visión más humana de él. (Dante lo sitúa en el Infierno)
La figura de Mahoma se conoce a través del Corán. Escrito mucho después de su muerte, con muchos errores, lagunas y con un orden de Suras que no puede ser el mismo en el que fueron enunciados. Contiene las enseñanzas del profeta, pero proporciona muy pocos datos para conocer su biografía. Que sólo nos viene dada a través de El Haddid (tradición) serán los hechos transmitidos a través de sus compañeros:
Nació en la Meca (570-), pertenecía al Clan de los Qurays, huérfano, fue criado por su tío Abud Talib, junto al hijo de éste: Alí. Su actividad estuvo dedicada al comercio, a caravanas que se desplazaban hacia Siria, y según cuenta la tradición, cuando tenía aproximadamente 40 años, el arcángel Gabriel le anunció su misión profética, es decir: recibió por primera vez la palabra de Alá. Poco a poco se percató de la autenticidad de la revelación y la fue transmitiendo a sus compañeros. Torno al 618, en principio lo hace en medios familiares o próximos, de forma casi privada, comienza a predicar con frases breves llenas del pensamiento de la cólera divina y el juicio final, encontrando seguidores entre familiares, libertos de origen extranjero y sobre todo, gente de baja condición social, pero sus ideas tropezaron pronto con los propios Quraysíes, (su propio clan) que tenían miedo que sus predicaciones pusieran en peligro su fuente económica fundamental. Y por ello le trataban de loco, de poeta... Mahoma estudió los libros sagrados como la Biblia y la Toráh, ya que sus conocimientos eran muy básicos. Muhammad y sus seguidores viajan a Yatrib (Medina), en el 622, tras el llamado pacto de Aqaba, se vio obligado a escuchar la llamada de ayuda de las tribus judías y árabes del Yatrib, enfrentados a los quraysíes que detentaban el poder económico, para pacificar la zona. El viaje de Muhammad a Madinat (Medina) se contabiliza como el inicio de la Hégira: cronología musulmana a partir del 622.
Su doctrina monoteísta y espiritual chocaba con el materialismo de los mercaderes, cristianos y judíos, que señalaban que no estaba acorde con los Libros Santos. Pero pronto Mahoma se reveló como un gran organizador religioso y político y arremete contra ellos, acusándolos de haber alterado la palabra de Dios al omitir los textos de las profecías que anunciaban su venida. Señalaba que había que volver a la fe de Abraham y que había que someterse humildemente a la voluntad de Alá.
El Santuario de la Kahaba, erigido por Abraham, sería el Templo de los nuevos adeptos, hacia él había que dirigir las plegarias y a él habría que acudir en fechas señaladas. Con los compañeros que lo siguieron más los adeptos que encontró en el Yatrib, aparece ya la primera organización en la que Mahoma es jefe político y religioso. Organizaba el culto y recibirá constantemente inspiración de la divinidad. Yatrib será en adelante la ciudad del profeta (Medina).
Sin olvidar el mensaje religioso, sus compañeros de emigración habían de vivir en armonía con sus nuevos aliados. El problema de proveer su vida material se vio resuelto intentando elevar el plano moral de sus seguidores adaptando el mensaje a las tradiciones de su pueblo: el sentido de la organización y de la comprensión fue lo que les garantizó la supervivencia.
El Islam en época de Mahoma no está definida como doctrina, y en su elaboración estará influida por la unión de libros como la Biblia, la Torah, el zoroastrismo, pero también por algunas tradiciones locales y sobre todo que muchas de las pretensiones religiosas se dan a concretar por la sunna, recogidas por sus compañeros sólo tras su muerte. Así, el eje de la nueva fe es un monoteísmo radical, pero su semejanza con los mensajes judíos y cristiano evidentes, se reafirman con la idea de que Alá, para ayudar al hombre a encontrar el camino de su salvación, suscitará profetas que irán dando a conocer la revelación divina. El último de ellos es Mahoma, quien ha venido a purificar la religión de Abraham, que judíos y cristianos han corrompido.
El Islam afirma la existencia de un Dios eterno, en la Sura 7ª se reconoce que sólo existe un Dios omnipotente y eterno, y que Mahoma es su profeta, aunque se admitirá la existencia de otros profetas menores (Moisés, David, Jesús). Permite la creencia en los hombres, como servidores de Alá, en los demonios y se acepta el libro revelado: el Corán.
El sentido fundamental de Mahoma es la Umma, siendo un pecado la ruptura con la misma.
Prescripciones religiosas del Corán, son los cinco pilares religiosos en los que se basa la práctica religiosa:
- Profesión de Fe por la que se reconoce a un solo Dios.
- Oración a hora fija con un ritual estricto.
- Ayuno en el mes del Ramadam.
- Limosna, que en principio están obligados los fieles excepto los pobres, a los que se les destinaba, junto a los necesitados, a los encargados de la colecta, a los viandantes y a la Guerra Santa.
- Peregrinación a la Meca, al menos una vez en la vida.
Estas cinco prácticas religiosas se vieron acompañadas por ciertas costumbres con fuerza de Ley para los creyentes: La Guerra Santa, la circuncisión, abstinencia de carne de cerdo, velo islámico, saludo entre musulmanes...
De todos los recursos que obtiene el Islam, uno de los más saneados sería el Botín de Guerra, del que 1/5 se reserva a Alá. Todos los musulmanes deben defender y propagar el Islam con las armas en la mano, pero deberán hacerlo contra los Politeístas que se oponen al Islam. La violencia es predicada contra los idólatras distinguiendo claramente a las “gentes del Libro”: a los que creen en la revelación (cristianos y judíos) y recordar que los que mueren en la Guerra Santa no están muertos sino vivos en la Presencia de Alá, gozando de las mercedes que él les concede.
Esencialmente, por primera vez en la historia de Arabia, un hombre hiciera dirigir su autoridad a toda la comunidad, que predica una fe en el seno de una comunidad ignorante de todo estado creará de forma indisoluble una religión y un Estado del que él es jefe único.
Treinta años después de su muerte se consolida su obra y se extiende desde Afganistán hasta la Berbería, y un siglo después, alterará profundamente todas las fuerzas de los pueblos ribereños de todo el Mediterráneo.
Las fuentes doctrinales del Islam fueron dos: El Corán y la Sunna que eran las bases de la fe musulmana. El Corán, “recitación” de la revelación divina a Mahoma, es el libro que recoge el mensaje que Dios transmite a los hombres a través del último profeta. Estructurado en suras, o grupos de versículos, que indican tanto elementos de la teología musulmana e indicaciones sobre moral y costumbres a incorporar a la práctica social.
La Sunna o tradición, recogía un conjunto de hechos y dichos (hadits) de Mahoma, o simplemente, relatos sobre el comportamiento del Profeta en situaciones concretas, que habrían de servir de orientación a los creyentes en su vida cotidiana.
El Corán era el que proporcionaba la ciudadanía. Todos los creyentes se integran en la Umma, fundamental en el Corán, y designa al grupo de hombres a quienes Dios envía sus profetas, y especialmente, a quienes habiendo escuchado su predicación creen en él y realizan un pacto común. La obligación de convertir al infiel derivaba del propio comportamiento del profeta.
Los primeros Califas o Califas Ortodoxos, conocían la existencia del Imperio Persa y del Imperio Otomano, aunque no tenían la idea de destruirlos ni de convertirlos en un primer momento, pero fue en el momento en que las guerras internas en estos imperios, en el N. De África y en los distintos reinos bárbaros de Occidente cuando se inició la ofensiva.
Los árabes musulmanes no tenían técnicas extraordinarias ni armas. El caballo árabe era un lujo excepcional, potente transportador, pero nada más. Su fuerza estribaba en la posición relativamente central respecto a las fronteras que atacaban y la disponibilidad de las tropas seminómadas (“voluntarios de la fe”).
En estas primeras ofensivas el elemento religioso está patente, pero también se ve compensado por el botín conseguido. Todo esto se intentó transmitir en un principio, como que contaba con la protección de Alá pero se concluyó como una obligación. Aunque es cierto que en opinión de los habitantes conquistados por el Islam su llegada no rompía la continuidad en las instituciones de cada uno de los territorios.
La tradición posterior sí distinguirá los territorios sometidos por la fuerza o los sometidos por tratados, en los que se fijaban los derechos y deberes de estos tratados.
Los mundos conquistados conservaron en todo lo posible los regímenes anteriores, fundamentalmente por motivos políticos: aprovechan aquello que va a servirles grosso modo.
Estos sucesores no son profetas, son vicarios: la Ley ya ha sido dada y a ellos les corresponde aplicarla: el magisterio legislativo pertenece al Corán, el judicial a todo creyente y el ejecutivo, civil y económico sólo a Alá y sólo puede ser ejercido por su jefe único. En teoría, la Ley no se puede interpretar, ampliar o modificar.
Expansión del Mundo Islámico.
Primera expansión: Los Califas Ortodoxos: Abú Bark, Omar, Otman y Alí.
A la muerte de Mahoma su sucesión, por imprevista, estuvo a punto de hacer desmoronar toda su obra, sobre todo abriendo antiguas tensiones entre tribus y la de los compañeros del Profeta y los quraysíes de La Meca, pero estas crisis fueron superadas con la elección de Abu Bakr (632-634), suegro de Mahoma, compañero desde los primeros tiempos y miembro de los quraysíes, que lo habilitaba como instrumento de conciliación entre las diversas facciones. Su título de Califa le daba una duplicidad de competencias: cabeza de la congregación de creyentes y jefe de Estado dotado de la suprema autoridad política y militar. Esta definición de los poderes del Califa chocaba con los tradicionales repartos de autoridad, así esta solución por sí sola hubiera sido insuficiente para evitar nuevos enfrentamientos entre las tribus árabes, de no haber sido por las expectativas de expansión y, sobre todo, de los inmediatos éxitos traducidos en botín de guerra: trasladan las hostilidades tribales de Arabia a los territorios que El Islam fue conquistando.
Los primeros pasos de la expansión estuvieron bajo la jefatura de Abu Bakr, pero , sobre todo, bajo sus sucesores: Omar (Umar 634-644) y Otman (Utman 644-656)
En esta etapa el Islam se afirma en Arabia y se extiende por Siria, Persia y Egipto. La conquista se inicia torno al 632 en la Península de Arabia, hacia el 637 consiguen entrar en Persia, alcanzando su provincia más oriental: Jurasán (el lujo que se vislumbraba en la campaña contra Persia fue lo que atrajo a más gente para ayudar en dicha campaña). Tras ocupar Egipto donde sólo encontraron una pequeña resistencia en Alejandría, el resto del territorio vio con buenos ojos la llegada de los musulmanes. Hacia el Norte de África incorporaron Siria y Palestina, Antioquia y Damasco, y hacen de Jerusalén la segunda ciudad santa musulmana y amenazando Asia Menor y la Isla de Chipre.
Para algunos autores sólo un tercio de la Península reconocía la autoridad del Profeta, con lo que muchos nómadas se levantaron a su muerte contra la limosna, que consideraban un impuesto de servidumbre. El primer califa apagó este levantamiento expulsando incluso a judíos y cristianos.
Pedían la sumisión, con protección como contrapartida, permitiéndoles conservar la libertad de culto limitada a los lugares donde no haya musulmán o el mantenimiento de sus propias leyes. La sumisión se materializaba en el pago de impuestos, es decir, el pago de impuestos era el reconocimiento de la soberanía musulmana, aunque podían seguir manteniendo sus propiedades. A estos pagos se añadirán posteriormente la obligación de la hospitalidad y la prohibición taxativa posterior de vestirse a modo árabe.
A los árabes no les preocupaba la sumisión en la guerra, siendo el botín su principal atractivo junto a la religión y distinguirán rápidamente la Ganima del Fay. De ese botín mobiliario los jefes harán un reparto y 1/5 siempre se reserva a Alá.
Entre las causas que favorecieron esta expansión, habría que pensar el deseo de salir de las tierras desérticas y pobres donde se encontraban además del contenido religioso predicado por Mahoma, ya que les dará por primera vez “conciencia nacional”: guiará su temperamento a territorios mucho más productivos, de ahí que los beduinos traten más de vencer y sojuzgar que de convertir.
Hay que señalar también la debilidad interna de las provincias de los territorios bizantinos lindantes con Arabia: debilidad tras decenios de enfrentamientos y la actitud de la población de los imperios invadidos que no vieron con sorpresa la entrada de los conquistadores islámicos, ya que las expediciones de saqueo por parte de poblaciones del desierto debían ser habituales.
El último punto a favor de esta expansión era el trato dado por los conquistadores a los conquistados: las relaciones de convivencia en especial entre los guerreros musulmanes y los dimmíes (los hombres del libro): judíos y cristianos, permitió a los primeros proseguir con sus avances sin temor a revueltas en su retaguardia. Las condiciones de ese trato quedaba reflejado en los pactos de capitulación: los conquistados reconocían la soberanía de los conquistadores, quienes a su vez respetaban la antigua administración, contaban con la colaboración de los notables y reconocían los derechos de los antiguos propietarios, con lo que los problemas que se planteaban en un principio con la ocupación musulmana (Inferioridad Demográfica, Inferioridad Cultural, Diferencias Lingüísticas y Simplicidad de sus estructuras administrativas) la quedaban resueltos.
El control del territorio conquistado se confiaba a una guarnición de guerreros árabes que se establecía en las antiguas capitales o al margen de ellas: el ánsar (acuartelamiento que acabará siendo el germen de nuevas ciudades como Basra y Küfa). El control de los recursos fiscales incluyó la incorporación al califato de las tierras y riquezas públicas de los imperios persa y bizantino y la imposición de un tributo personal ala población sometida, que vino a añadirse al territorial que ya pagaban a sus antiguas autoridades. Ni uno ni otro afectaban a los musulmanes, quienes sólo estaban obligados a dar la limosna voluntaria prevista en el Corán.
Esta discriminación fiscal favorable a los creyentes del Islam estimuló las conversiones a la nueva fe, lo que no entusiasmó a los dirigentes árabes de la conquista:
a) La conversión suponía la exención del tributo y con ella la disminución de los ingresos del Estado
b) La identificación que los árabes habían hecho entre Islam y arabismo dificultaba la aceptación de la idea de unos musulmanes no árabes.
Así, intentaron una fórmula para contrarrestar esta estimulación: para incorporarse a la nueva fe, los conversos debían hacerse mawali (maulas), es decir, clientes de cualquiera de las tribus árabes, aunque esto no sirvió para asegurar la igualdad de los neomusulmanes: los árabes mantuvieron una actitud de superioridad despectiva hacia los conversos y durante largo tiempo, procuraron excluirlos de los beneficios materiales del Islam.
La organización que lleva a cabo el Califa Omar, quien para afianzar su poder hará que la religión musulmana sea la única religión legal. Pero no tratará de convencer sino someter. Serán los sometidos los que paguen impuestos. Poco a poco el musulmán se convertirá en un funcionario del Estado cuyo servicio se pagaba en rentas.
Los árabes fueron capaces de asimilar la cultura de los países conquistados, sin embargo, en el interior del califato empiezan a generalizarse una serie de rencillas sobre la sucesión del profeta que concluirán con el asesinato de Omar.
La irrupción de los árabes en las fronteras exteriores del Imperio Bizantino que se resquebrajaba, junto a Persia y Egipto: la dinastía heráclida del Imperio Bizantino caracterizada por las intrigas palaciegas, guerras, tiranías... todo esto se convierte en abono para que el mundo árabe, al final del s. VII firme una tregua con Constantinopla. Sin embargo el retroceso del Imperio Bizantino era sólo cuestión de tiempo, aunque los musulmanes no entrarán en Constantinopla (hambre, pestes...):el ejército árabe se retira tras una serie de derrotas, incluida la destrucción de su flota por una tempestad. A partir de ese momento, Constantinopla se convertirá en baluarte de la cristiandad.
El Imperio Bizantino queda reducido a la periferia del Mar Egeo. En su interior aparecen de nuevo revueltas sociales (mucha gente y poca tierra), ya que hay una gran emigración hacia Constantinopla, lo que hace aparecer elementos como la Ley Agraria que hace alusión a colectividades solidarias ante el fisco: en teoría la pequeña propiedad se extiende pero el latifundio no desaparece. El territorio se divide en themas o circunscripciones militares, donde se estaciona un ejército y un jefe o estratega que dirige la administración y manda los funcionarios civiles.
A pesar de esto, el Imperio Bizantino seguía dominando el mar: la aparición del Código de los Rodios o “Código Marítimo”, según una teoría de Pirenne, el Islam sería la decadencia del comercio del Mediterráneo, sin embargo, esta decadencia va unida a la crisis del Imperio Romano de Occidente y a la del propio Imperio Bizantino.
El éxito militar y el rápido enriquecimiento árabe hicieron aflorar las tensiones derivadas de tres tipos de enfrentamientos: entre las distintas tribus árabes, entre árabes y maulas y entre las distintas posiciones sobre la legitimidad del poder y el propio contenido del Corán que se estaba poniendo por escrito en esos años.
Segunda Expansión. La Dinastía Omeya.
En el 644 el califa Omar es asesinado, y el califato fue ocupado por Otman (644-656) de la Dinastía de los Omeyas. El nuevo califa pertenecía al grupo de la tribu quraysí que se había opuesto a las predicaciones de Mahoma y sólo había aceptado el Islam cuando el éxito del Profeta parecía inevitable: su vinculación con esta nueva fe había tenido bastante de cálculo político, obteniendo una importante rentabilidad además de la instalación del clan en las ricas ciudades de Siria.
El acceso de Otmán al califato se refuerza por una momentánea detención del avance conquistador, produjo descontento en las filas árabes, en especial entre los que habían sido compañeros de Mahoma durante su estancia en Medina. Los disidentes canalizaron su malestar a favor de Alí, primo y yerno de Mahoma, en torno al cual se agruparon los legitimistas para quienes sólo un descendiente del Profeta debía ocupar el Califato. En 656, una conspiración de partidarios de Alí asesinó a Otmán y lo elevó al califato.
El reinado de Alí (656-661) fue breve y lleno de sobresaltos en medio de un ambiente de enfrentamientos civiles de variados componentes. Los más graves: Entre los partidarios de Alí y los Omeyas, y la lucha religiosa entre las distintas corrientes de opinión a la hora de fijar el texto del Corán y de los hadits del Profeta. Además, Alí tuvo que hacer frente a un nuevo grupo secesionista salido de sus propios partidarios: los jarichíes que pregonaban una interpretación igualitaria y rigurosamente literal del mensaje de Mahoma.
A finales del VII y primera mitad del VIII queda organizada la Dinastía Omeya, estructurando el Imperio nacido de las conquistas árabes. En esta etapa llegarán hasta China por Oriente y penetrarán en India. En occidente conquistan Hispania y se adentrarán en La Galia.
El Centro del poder político se traslada a Damasco y se proyectará desde ahí la expansión al resto del mundo.
Exteriormente, el período Omeya pondrá fin a las conquistas árabes, aunque algunas se produzcan en el s. IX en el Mediterráneo y otras en el XI en la India. Pero se puede generalizar que es en el siglo VIII cuando se estabilizan las fronteras del mundo musulmán.
Las conquistas ya no tienen el ritmo ni la facilidad de las primeras: la distancia, organización de las resistencias y, además cuando los Omeyas acceden al poder y establecen esa capitalidad político-religiosa de Damasco, algunos territorios periféricos, comienzan a poner en entredicho la autoridad de estos califas, e incluso se rebelan contra ellos.
En el caso de Hispania se favorece por la lucha dinástica en Toledo, la colaboración hebrea y el confucionismo sobre la naturaleza del Islam.
Ocaso de la Dinastía Omeya
Los políticos se impusieron pero los gremios se rebelarían: así, Mu’awiya, quraysí de origen y gobernador de Siria, se subleva, derrotando a Alí, y se apodera del Califato tras el asesinato de Alí. Traslada la capital a Damasco, lo que provoca grandes divergencias en el mundo musulmán, cae Arabia, se pierde la influencia de los árabes: la preponderancia de Siria sobre los demás. El fin de la Dinastía Omeya provoca guerras civiles entre los partidarios de sectas religiosas y coincide con las Revueltas Persas y Mesopotámicas hacia Siria, que había mantenido la Dinastía Omeyas.
Mu’awiya descuidó en su gobierno su jefatura religiosa para reforzar su papel de dirigente político de un imperio. La antigua teocracia islámica se transformaba en un estado secular, dentro del cual, la minoría árabe con fuertes raíces tribales, constituía una verdadera casta dominante de la mayoría de la población neomusulmana y no árabe.
Los artífices de esta evolución iniciada por el propio fundador y sus sucesores, abarcaron la totalidad de las esferas del poder en el sentido de asegurar la supremacía de los árabes en territorios que numéricamente constituían la minoría. Entre estos signos de cambio:
- Conversión del idioma árabe en lengua común de la administración de Califato.
- Acuñación de moneda propia.
- Organización de la administración provincial, aa cuyo mando se sitúan los emires de origen árabe, y de la justicia, de la que en nombre del califa se encargan los cadíes o jueces.
- Atención a los grupos de guerreros árabes conquistadores (repartiendo entre ellos el botín conquistado a los vecinos, en principio, hasta llegar a la distribución de tierras de los vencedores)
Este último paso afectó a la estructura de la sociedad islámica: la primera fórmula: el reparto del botín y rentas entre los árabes conquistadores, añadido al escaso número de éstos, propició que se concentraran en guarniciones o ansares, desde donde podían controlar el espacio. En torno a ellas se fueron constituyendo pequeños arrabales de mawali o maulas dedicados a las actividades artesanales y mercantiles, lo que sirvió de estímulo a la vida urbana. La cesión a los guerreros árabes de tierras en usufructo, que pasaron a serlo en propiedad, originó protestas entre los maulas o conversos al Islam, discriminados fiscalmente respecto a los primeros. Para hacer frente a estas reclamaciones, se promulga una reforma fiscal que suprimió el impuesto personal que hasta ahora habían pagado los maulas y lo adscribió a la tierra, que quedó así gravada por un impuesto territorial (jaray), al margen de la condición religiosa del propietario.
Estas reformas fiscales no satisficieron a los guerreros árabes, transformando esta insatisfacción en protestas que prolongaron la situación de conflicto intertribal casi permanente que había caracterizado la sociedad de la Arabia preislámica. Para solucionar este problema, la Dinastía Omeya intentó capitanear una segunda fase de conquistas, cuyos mayores triunfos hicieron que, a mediados del s. VIII, el Islam alcanzara unas dimensiones relativamente estables más amplias que las del Imperio Romano en la cumbre de su poder y parecía haberse detenido ante las tierras de clima nuboso y lluvioso.
El conjunto de cambios experimentados estaban apoyados en una moral de conquistas y victorias y en el consiguiente reparto del botín. Cuando estos elementos empezaron a decaer, toda la población del Califato, árabe o no, empezó a dar muestras de inquietud y a manifestar su descontento, traducidos en movimientos de oposición contra muchos de los rasgos que habían caracterizado el Estado Omeya que recogieron sentimientos que no tardaron en expresarse en sentimientos religiosos, en especial a través de tres movimientos:
Los jariyíes: movimiento puramente religioso al principio, defensor de una intransigencia doctrinal que abogaba por la Guerra Santa contra los malos musulmanes, se fue convirtiendo después en una violenta oposición anárquica, más antiestatal que antiomeya, que proponía recuperar el pacto tribal preislámico como instrumento de acción política: Volver al Islam primitivo. Para ellos el Califa es el mejor musulmán : pensaban que la dignidad califal emana de la comunidad, que debe elegir libremente al más digno "aunque sea un esclavo negro". Defienden también que sin rectitud en el obrar no existe verdadera fe. El musulmán que se aparta de la ley deja de ser musulmán, y si es califa debe ser destituido. Los jariyíes provocaron grandes rebeliones contra los omeyas, debilitándoles y facilitando su sustitución por la dinastía de los abbasíes. Fue un jariyí quien asesinó a Ali en el año 661. Su rigorismo en lo que al cumplimiento de los preceptos del Islam se refiere tiene como contrapunto una gran tolerancia hacia las otras religiones. Todos estos rasgos hicieron especialmente atractiva esta doctrina tanto a beduinos como a bereberes.
Los Chiíes: En un principio era una facción puramente árabe y política que reivindicaba los derechos del Califa Alí y de sus sucesores al Califato. Para ellos, el jefe del Islam debía pertenecer a la familia del Profeta. Propiciaban el esoterismo y la clandestinidad de sus miembros, quienes tenían puesta la esperanza en la aparición de un Mesías, el propio Alí que no estaba realmente muerto sino oculto y dispuesto a aparecer en cualquier momento para restablecer la justicia y la sucesión legítima de los herederos del Profeta.
Los Suníes: representan entre el ochenta y noventa por ciento de todos los musulmanes, consideran que la sucesión de Mahoma debe basarse en la capacidad del Califa y no en sus lazos de sangre con Mahoma. En cambio los Chiítas, que suponen aproximadamente el diez por ciento de los musulmanes, consideran que Alí fue el iniciador de la línea sucesoria de Mahoma. Etimológicamente Chiíta viene de Shiat Ali (partido de Ali). Los Chiítas consideran que los Califas posteriores a la muerte de Alí han sido usurpadores. Los sunníes reciben su nombre debido a la importancia que dan a la Sunna, colección de dichos y hechos atribuidos a Mahoma y transmitidos en forma oral. O sea que no sólo se basan en el Corán sino también en la Sunna, lo cual permite adaptar el Corán a las exigencias de la época.
Período Abasí
La muerte del califa Hisham a mitad del s. VIII fue el detonante para la explosión de estas oposiciones: Las diferencias entre las tribus árabes y algunos enfrentamientos entre facciones de los propios Omeyas facilitaron el estallido de una revolución: la Revuelta abbasí, partiendo del Jurasán, donde se aglutinan torno al movimiento abbasí. En dos años, los sublevados consiguieron adhesiones suficientes para alcanzar el triunfo : se captura Kufa y desarrollaron un movimiento político (en Kufa con Abú Salama) y militar (en el Jurasán bajo Abu Muslim). Se distinguen por banderas negras y las ropas del mismo color. Se proclamándose como califa a al-Saffah-al-Abbas (Abú Bas) en la mezquita de Küfa y derrotando a los Omeyas en el 750. Sólo uno consiguió salvarse: Abd-al-Rahman, que huyó a Al-Andalus, donde prolongará durante 3 siglos la vida de esta Dinastía.
El fin de la dinastía Omeya, tiene sus causas en diferentes circunstancias, pero, sobre todo, en la falta de apoyo popular: en que no se puede ejercer una dominación ni fundar un imperio sin el apoyo del pueblo.
Hubo descontento social desigual: en Arabia no tenían participación de las ganancias del Imperio, también se planteó una rivalidad entre los musulmanes de Siria y los de Iraq, y la guerra pierde magnitud.
El afianzamiento de poderes regionales dentro del imperio se hizo sobre la base de la homogeneidad territorial, social, religiosa y cultural de cada una de sus áreas muy superior a la del conjunto. Los gobernantes, muchos de ellos de estirpe califal, se apoyaron en ella para diferenciarse respecto a los demás.
Se manifiestan tres grandes conjuntos territoriales:
- Oriental: constituido por Irán y cuyas tradiciones venía a recoger expresamente el califato abbasí.
- Central: Arabia, Siria, Egipto y Mesopotamia, que contaba con la capital del nuevo imperio, Bagdad.
- Occidental: Al-Andalus, Ifriqya y el Magreb, hasta el Atlántico.
Dentro de cada unos de estos tres conjuntos, cada región mostraba sus propias particularidades.
La titularidad de un único poder en la persona del Califa no pasó de ser una ficción que sólo tuvo una operatividad religiosa. El gobierno y la administración se ejercieron a escala mucho más regional y comarcal, y torno al 800, la autoridad política del califa abbasí apenas se ejercía al oeste del desierto de Libia, a partir de la mitad del IX, sería la parte oriental del Califato la más afectada por los movimientos separatistas.
La multiplicación de poderes en el propio centro del Califato fue un factor añadido a sus dimensiones para promover una rápida disgregación del Imperio islámico:
1. La propia dinámica generada por la revolución abbasí: Se fomenta el desarrollo del clientelismo y el parentesco artificial como instrumento para obtener adhesiones y alianzas que aseguran su éxito frente a omeyas y aliados de éstos. La riqueza generada por la conquista había ampliado el número de hombres capaces de sostener económicamente la poligamia y aún el concubinato, factores que hicieron que la capital del Imperio (Bagdad) y más aún del palacio califal, se convirtieran en un mundo de poderes privados, familiares, en el que se fomentaban la intrigas y traiciones.
2. Las exigencias de administrar un estado de dimensiones transcontinentales: La multiplicación de los órganos de gobierno de un Imperio que había escogido un modelo de poder centralizado y burocratizado, cuyos organismos o diwan fundamentales seguían siendo los de época omeya: diplomacia, hacienda, correo, aunque con un incremento en el número de funcionarios. El poder alcanzado por los katib o secretarios que se hallan al frente de cada organismo, y sobre todo por el visir, jefe de todos ellos y cabeza de la administración del Imperio, impulsó a algunos a establecer verdaderas dinastías, como la de los Barmequíes, visires en el reinado de Harun-al-Rashid.
Esta tendencia obvió el viejo principio de unidad de poderes impuesto por Mahoma y se abrió a un reparto de los mismos. El religioso se reserva a los califas, el político a un gran visir, el judicial al cadí de Bagdad y el militar al emir jefe del ejército, aunque la falta de definición de las competencias alimentó tanto las discusiones acerca de la legitimidad de esa división de poderes como los conflictos derivados de los intentos del ejercicio de los mismos.
En estas circunstancias, las sucesiones al trono se veían muchas veces adelantadas por el asesinato del anterior ocupante. Hasta llegar a al-Mutasim, reinante desde 833, que decidió escapar a las intrigas y enfrentamientos de Bagdad, ordenando construir la nueva ciudad de Samarra, donde trasladó parte de los centros de administración del Califato. Esta decisión tuvo una contrapartida: para garantizar su seguridad, el califa se rodeó de una guardia de mamluk (mamelucos o esclavos), de origen turco y que se convirtieron en la carcelera de sucesivos monarcas, que despojados de toda autoridad política quedaron confinados en el mundo palaciego (Las Mil y Una Noches).
Una de las consecuencias inevitables fue la variedad de las interpretaciones de la Ley como apoyo religioso a las opciones políticas de los poderes regionales surgidos en el califato Abbasí. Cada movimiento religioso pudo proponer su interpretación a la Ley, y en consecuencia, la construcción de normas jurídicas.
Los primeros califas abbasíes trataron de encontrar una ideología común para el conjunto de sus súbditos. Su defensa de una religión universal para un Imperio islámico sin distinción de etnias y los apoyos que habían recibido de los chiíes les impulsaron a buscar una fórmula que tuviera en cuenta algunas pretensiones de los chiíes y aún de los jarichíes, que triunfaban en ciertas regiones del Califato. El resultado de estos esfuerzos se hace patente con el mutazilismo.
El pensamiento mutazilí, del que el califa al-Mamum fue un valioso defensor, preconizaba el libre albedrío de los hombres frente a las tesis de la predestinación y constituía un esfuerzo por armonizar nociones de racionalidad neoplatónica con el mensaje religioso islámico, este principio tolerante con otras expresiones religiosas los enfrentó a los sunníes conservadores. Este movimiento desapareció hacia mediados del s.IX.
La extinción del mutazilismo puso fin al único intento apoyado por el poder califal de establecer una corriente de pensamiento teológico abierto al Islam medieval. A partir de entonces, la reflexión teológica acabó siendo patrimonio de pensadores solitarios o se refugió en expresiones ascéticas o místicas como el sufismo . Comienza entonces la preocupación islámica por interpretar el Corán y por fijar los hadits que configuraban la Sunna. La tarea da paso a la existencia de cuatro escuelas fundamentales:
1. La Malikí, de Medina, que predomina en Al-Andalus y en el Magreb.
2. La Hanafí, de Küfa, con implantación en Irán y Mesopotamia.
3. La Safí, de Fustat, extendida por Arabia, Siria y Egipto.
4. La Hanbalí, de Bagdad, con seguidores del área central del Califato.
Estas escuelas vienen a reforzar la idea de la falta de unidad política del conjunto del Imperio Islámico, ya que la sunna daba forma y fortalecía los intereses de cada una de las áreas regionales del Califato.
El Sufismo
Toma el nombre de la túnica blanca (suf) que portaban sus adeptos en el Iraq del siglo VIII. Evoluciona a partir de aquí desde sus simples principios ascéticos hacia una búsqueda mística de Dios, llegando, los más exaltados a posiciones inmanentistas o monistas inaceptables para los teólogos islámicos y que provocaron la condena a muerte de uno de los más conocidos sufistas: al-Hallay. En lo sucesivo, el sufismo procuró combinar el respeto a la vía teológica con el desarrollo de principios ascéticos y místicos.
En el sufismo coexisten diferentes métodos que persiguen la purificación del alma humana, la consecución del Conocimiento divino y la realización de la Realidad Divina, a través de las enseñanzas espirituales que brinda la Revelación (el Corán y la sunna), de forma secundaria a los dichos y experiencias de otros profetas y los santos, y la práctica de un camino espiritual a través de la guía de un maestro autorizado. Es descrito como la cumbre de todas las ciencias islámicas, porque su objetivo es Dios Mismo, es un camino de Conocimiento y es ante todo una vía práctica y experimental, donde los conocimientos y los estados del alma deben ser saboreados y experimentados para conocer a Dios en todas sus manifestaciones: en el Universo, en las criaturas, en los seres humanos y sobre todo en la propia alma, depositaria del secreto del Espíritu.
Crisis del Califato Abbasí.
La eliminación cruenta de los Barmequíes al frente de la administración del Califato ordenada por al- Rashid, y la muerte de éste con una descendencia en que según las favoritas se distinguían príncipes de sangre árabe y de sangre persa, fueron los precedentes de una sucesión conflictiva que acabó en una guerra civil encubierta, que da paso al triunfo final del hijo de origen persa al-Mamum. Sus esfuerzos por suavizar los enfrentamientos de los súbditos con su protección del mutazilismo no impidieron que el imperio quedara realmente afectado: la pérdida del control político y los movimientos de reivindicación social ensangrentaron sobre todo la parte central y oriental del Imperio Abbasí.
La incapacidad del Imperio para constituirse en estado poderoso y el fortalecimiento de una aristocracia militar y terrateniente fueron los dos resultados más evidentes de esta crisis: se fortalece el papel de la milicia personal del califa: los mamelucos, que acaba por reducir el papel del califa al religioso y se amplia el diwan militar y los gastos de palacio, que junto con el incremento paralelo de la burocracia y los servidores, reclama una recaudación tributaria más exigente encargada a los gobernadores provinciales.
La fórmula más común fue ceder a los grandes y, en especial a los jefes mercenarios del ejército, el derecho temporal a percibir los impuestos generados en las tierras de tipo jaray: aquellas que habían estado sujetas inicialmente al tributo territorial porque sus propietarios no eran musulmanes.
Los miembros de las milicias califales se introducen en la aristocracia terrateniente y, con el resto de ésta, presionaron directamente sobre el campesinado, que se vio implicado rápidamente en procesos de encomendación privada a los poderosos.
Tras el asesinato del califa al- Mutawakkil en el 861, se desencadenó un período de revueltas que consagró la total pérdida del control político del Imperio por parte del Califa.
El relevo lo toman los Buyíes, originarios de las montañas de Irán y fieles a una rama de los chiíes. Desaparecen los últimos vestigios de la autoridad política del califa, que queda en manos de una especie de mayordomos de palacio que hubieron de conformarse con ejercerla exclusivamente en el área más próxima a la capital y, como mucho, en Irak y la parte occidental de Irán. Fuera de esa zona el poder se distribuía en múltiples células de raíces y dimensiones muy variadas, que sólo ocasionalmente se organizaban de forma más jerárquica.
Las revueltas populares acompañaron e hicieron más profunda la crisis política del Califato. El descontento social avivado por los desequilibrios generados por las soluciones recaudatorias se manifestó en todas las tierras y alcanzó especial intensidad en las áreas centrales. Acaba convirtiéndose en una revuelta popular reivindicadora de un reparto más justo de la riqueza raíz, teñida de movimiento religioso. De esta forma, sus jefes eran caudillos militares a la vez que apóstoles de una renovación moral de la sociedad sobre la base de los presupuestos doctrinales chiítas,
Una rama del chiísmo, el ismailísmo fue el principal estimulador de las revueltas, que contribuyeron, a su vez, a la difusión de su credo.
Los movimientos de reivindicación fueron sobre todo:
- El de los Zany o esclavos negros procedentes de África Oriental.
- El de los Qármatas, que mezclaban ismailismo con un fuerte componente mesiánico y radicalismo social y alcanzó gran fuerza en los primeros decenios del X , sobre todo en los medios campesinos y beduinos de los confines entre Irak y Arabia.
- En Samarra, los mercenarios turcos imponían su voluntad.
Aunque hubo algún intento por restaurar el poder político de los califas, las disponibilidades financieras del califato eran menores cada vez y el califa no podía pagar a sus mercenarios, mientras la administración central estaba infiltrada por los chiíes que dominaban , por ejemplo, cuando la acción pirática y militar de los qármatas que cortaba las comunicaciones marítimas de la capital.
A comienzos del s. X, el deterioro del poder califal fue irreversible y cuando el gobernador de Iraq tomó el título de “emir de emires” el mando militar se impuso al religioso-político del califa. A mediados del s. X, el Califato dejará de ser uno solo para disgregarse en tres: El Abbasí de Bagdad, el Fatimí de el Cairo, y el Omeya de Córdoba:
En otras zonas las secesiones proliferaban motivadas siempre por la toma del poder financiero y administrativo por los gobernadores militares que formaban las dinastías, o por el triunfo de disidencias religiosas. El hecho más interesante se producía en tierras occidentales donde la continuidad de las anteriores dinastías de emires fue completa hasta que el movimiento fatimí de Ubayd Allah, que se decía descendiente de Alí y Fátima, triunfó en Ifriqiya y derrocó a los aglabíes.
Los fatimíes fundamentaban sus pretensiones en una radical legitimidad religiosa, aunque tuvieron que luchar con la oposición de los restantes emiratos norteafricanos apoyados por Córdoba, donde Abd al-Rahman III adoptó el título de califa y reafirmó la ortodoxia sunní para enfrentarse mejor a este peligro fatimí y reafirmar su poder.
Pero el movimiento fatimí incorporó todo el Magreb en las primeras décadas del s. X. A pesar de su alianza con los bereberes nómadas y de su éxito en la conquista de Sicilia, los fatimíes encontraron resistencias en el Magreb: los sunníes de Qairuán y las tribus bereberes de los Zanata, que bloquearon las rutas saharianas centrales. Mientras, los fatimíes conservaron las occidentales y conquistan Egipto, consiguiendo una posición central más rica para proseguir su lucha contra los abbasíes.
Convierten Egipto en el eje principal del Islam, fundan el Cairo y una mezquita como centro político y religioso. Además de “una casa de la sabiduría” desde donde se sistematiza su doctrina y propaganda. Se declaran protectores de La Meca y Medina, instalan su dominio en el Yemen y en el siglo XI se hacen cargo de la defensa de Palestina y del Sur de Siria frente a los bizantinos.
Los fatimíes centralizaron su administración torno a un visir, que les permitió contar con unas finanzas saneadas y favoreció el auge mercantil del país. Alejandría se convierte de nuevo en puerto principal y punto de contacto y relación con la India y con los comerciantes mediterráneos. Hubo, incluso un florecimiento cultural en aquel clima de tolerancia. El régimen se ve debilitado debido a motivos internos y externos:
Entre los internos: la práctica de la designación del sucesor, que se mantenía oculta hasta el momento del cambio, la inestabilidad del visirato y las rivalidades entre los grupos que componían el ejército mercenario. Entre los externos: años de malas cosechas y aumento de las tensiones sociales, hasta llegar la presencia de los cruzados europeos.
Economía
1.Mundo rural:
Una ordenación del mundo rural, en especial su componente agrícola, fue a la vez, consecuencia y factor del desarrollo de una vida urbana intensa.
La característica principal fue la adecuada utilización del agua en el medio árido o semiárido dominante en la geografía física del Califato: los musulmanes desarrollaron toda una cultura del agua: el sistema de regadío, con obras de canalización, unas veces producidas por la autoridad pública del Estado, único capaz de concebir y financiar algunas de las grandes obras de aprovisionamiento para el consumo y el regadío; otras producidas por las pequeñas comunidades rurales más directamente afectadas, incluso propietarios particulares.
Los bienes agrícolas producidos traen novedades: la expansión del olivo (para compensar la falta de manteca de cerdo prohibida por la ley coránica),generalización del algodón, azafrán, cítricos, alcachofa, espinaca y, en general, frutas y productos de la huerta. Destacan los cereales: trigo, cebada, arroz, mijo; plantas textiles: cáñamo, lino, algodón, seda y lana; el papiro, la caña de azúcar y cultivos especulativos, plantas olorosas...
En cuanto a la ganadería, se desarrolla una cabaña basada en ovejas, cabras, camellos y dromedarios.
La conquista árabe respetó las formas anteriores de explotación de las tierras particulares y estimuló la aparición de un grupo de guerreros rentistas que acabaron instalándose en las ciudades y confiando sus explotaciones a los campesinos ya establecidos, fueran pequeños propietarios o colonos, afirmándose la figura del aparcero.
Régimen de propiedad de la tierra:
Están recogidos en los tratados de derecho y se plantean diferencias entre la Península Arábiga y los distintos territorios que se van incorporando en los que se respeta su situación anterior:
Arabia:
1. Propiedades Individuales: Mulk, extendidos también fuera de estos territorios como en la Alta Mesopotamia. Debían el Sakal que gravitaba sobre todo los bienes musulmanes. Las tierras que se dejaban a los indígenas lo eran bajo la reserva de los musulmanes y debían el jarai, aunque los antiguos propietarios se convirtieran al Islam, la tierra siempre seguía gravada con estos impuestos.
2. Estado.
a. Tierras que conservaba para la explotación directa.
b. Concedidas a beneficiarios privados o colectivos.
3. Hima. Aquellos bienes sobre los que no se permitía la apropiación privada y eran utilizados de forma colectiva. Posteriormente se conocerán como bienes del Estado: caminos, ciudades, ríos, etc...
En esta época la propiedad privada era limitada y sus trabajadores eran una especie de aparceros.
Qatai. Dominios que el Estado concedía a particulares en condiciones parecidas a la propiedad: el beneficiario gozaba de todos los derechos del propietario pero no tenía ningún derecho del señor. Tenía la obligación de revalorizar las tierras, pero no tenía por qué ser él mismo quien las trabajara, sin embargo, sí tenía que pagar el impuesto por esas tierras.
Habus o Waqh. La fundación hecha por el propietario de un bien con beneficiarios que podían ser particulares, aunque algunos de los beneficiarios pudieran ser instituciones públicas.
La propiedad Individual: el Mulk o Katal, el derecho sucesorio se dividía entre sus hijos, teniendo en consideración hijos o parientes, lo que provoca la disgregación de la propiedad pero no su desaparición.
La Musa o Propiedad colectiva.
Contratos sobre la tierra.
La apropiación de la tierra, en el derecho musulmán, conocía tres relaciones de contratos, según el contrato entre aparcero y propietario:
a. Musarat. Contrato de aparcería en el que el propietario ponía la tierra y todo lo necesario (simiente, animales...) y el Musari su trabajo y, a veces, algo del material necesario. El reparto era en porcentaje variable según las aportaciones del contratante, el más corriente era en el que el musari aportaba su trabajo y recibía un quinto de la cosecha.
b. Musaqat. Contrato de irrigación en el que la máquina elevadora y los animales eran aportadas por el propietario y la división sería a partes iguales.
c. Mugaraza. Contrato de plantación, donde el propietario proporcionaba el terreno y la otra parte ponía la plantación, y cuando se hiciera división, se haría según lo aportado.
Prima la propiedad colectiva, aunque en el fondo existía una fuerte atadura de los campesinos hacia los grandes propietarios y, en realidad hay un endeudamiento progresivo que sólo se soluciona mediante un número de jornadas gratuitas.
Tipo de propiedades:
1. Pequeña propiedad campesina.
2. Didham. Propietarios de un distrito entero, por encima de la pequeña propiedad.
3. Otras propiedades semejantes excepto por que los propietarios residían en las ciudades y no explotan directamente sus tierras.
4. Grandes propietarios (antiguos jefes o aristócratas).
5. Talyia. Sistema por el que un inferior y sus tierras se colocaban bajo la protección de un superior, haciendo inscribir la propiedad a su nombre a cambio de ciertos cánones, el propietario se interponía así entre el campesino y el fisco. Aunque los individuos y todos sus descendientes podrían seguir trabajando esa tierra.
No hubo cambios bruscos de los países sometidos al Islam frente a los sometidos a otros imperios, pero a los campesinos se les ridiculizaba llamándoles Utuis (asnos salvajes), llegando a generalizarse tanto el término que cuando se habla de los grupos que trabajaban la tierra en dominios musulmanes se les nombrará así.
A pesar de la teórica sumisión del campesino, no se puede hablar de luchas ni revueltas sociales y normalmente, si se encuentran, son movimientos de carácter político-religioso, como el movimiento de los qármatas.
2. Mundo Urbano
La abundancia de ciudades en el mundo islámico se debe a la creación de ciudades de la conquista árabe allí donde no existían: Fez, Bagdad o El Cairo y otras ciudades que alcanzaron un esplendor no conocido hasta el momento: Damasco o Córdoba.
Aunque siempre hay que tener en cuenta que la base era rural, y la creación de nuevas ciudades impondrá la desaparición de otras que ya existían. Los musulmanes consideraban la ciudad como base de dominación, incluso los beduinos se adaptan a ellas, pero no a la tierra que siempre se reserva a los pueblos sometidos.
La densidad de las ciudades musulmanas era muy superior a las de cualquiera en occidente. Para su fundación, eran necesarios varios elementos:
1. La Mezquita
2. Zoco
3. Palacio del Gobernador
Una auténtica ciudad debería, además, estar fortificada.
Se señala la distinción de las ciudades creadas de las espontáneas e incluso las preislámicas. Sin embargo, la mayoría de las veces una ciudad podía basarse en modelos anteriores, incluso algunas que se crean para adaptarse a un nuevo modelo de vida “ex profeso”, primando la funcionalidad de las mismas.
El urbanista occidental normalmente cuenta con un plano regular que era una ciudad antigua, frente al desorden de lo que sería la posterior ciudad musulmana.
La ausencia de toda institución autónoma en cualquier ciudad musulmana respecto a las ciudades occidentales se intenta paliar centralizando el poder político. En las ciudades creadas, ciertos barrios están formados por grupos étnicos, tribales militares que normalmente conservaban en su origen un recuerdo de aquel comienzo, sin embargo, las vías públicas, las grandes tiendas que se instalan y partes del solar, pertenecían al Estado que lo da en alquiler. La administración se ocupa de los servicios públicos y religiosos, pero también el abastecimiento de las aguas, de los baños, del comercio...
La estructura de los barrios se caracteriza por la multiplicación de calles, a veces sin salida, que giraba alrededor de las calles principales, debido a la variada composición de su clientela.
Las casas variarán con el clima y con el status social: en Bagdad y en el Cairo podíamos encontrarlas de hasta 6 pisos. Pero las casas más acomodadas eran más bajas y ordenadas torno a un patio y una fuente central, abiertas al interior y casi ciegas al exterior. De ladrillo y recubiertas de cal y con mobiliario escaso: las alfombras tenían mucha utilidad pues sobre ellas se trabajaba, se comía y se dormía. En las casas más ricas, también servían de adorno.
3. La industria.
El papel de la industria tiene un papel relevante, donde destaca:
- La gran fábrica de la ciudad de Samarcanda, situada justo en medio de la Ruta de la Seda.
- El acero de Damasco y de Córdoba
- Cristalería y Cerámica.
- Acabados Textiles.
- Marroquinería, zapatería y fabricación de tintes, jabones y perfumes.
Los oficios eran casi siempre individuales pero con una especialización avanzada, que implicaba una jerarquía artesanal torno al maestro están los aprendices y esclavos.
El trabajo asalariado era importante, lo mismo en artesanía que en obras públicas, excepto en el caso textil.
La división económico social se establecía entre pequeños artesanos y mercaderes del zoco y los grandes mercaderes o exportadores.
Se hace un reparto topográfico de los oficios y existían corporaciones solidarias entre sus miembros.
Los oficios que dependían del Estado: Obras públicas, arsenales para el ejército y fabricación de papiro y moneda.
La función mercantil del Imperio islámico de los abbasíes fue otro rasgo de la economía. Sus agentes fueron los mercaderes en sus diversos niveles:
a. El Gran comerciante, asociado en una especie de commenda con socios que le proporcionaban el capital para sus actividades económicas, podía disponer de corresponsales en numerosas y lejanas plazas. Se movía por las rutas terrestres y marítimas accediendo a los numerosos núcleos urbanos de las tierras islámicas que confluían en Bagdad.
b. El Mediano o pequeño mercader, agrupado a otros para realizar alguna empresa, al cabo de la cual, repartirían pérdidas o ganancias.
c. El cambista, conocedor de los instrumentos de comercio: la moneda y las formas de crédito o de transferencia.
d. El corredor, que en cada núcleo ponía en relación a los mercaderes forasteros con los comerciantes.
Estructura Social del mundo islámico clásico (hasta s. X-XI).
El Islam introduce una cohesión nueva hasta ahora, basada en la fe, que iguala a todos los creyentes miembros de la comunidad: Umma.
Aunque en el seno de la Umma no desapareció ni la vieja idea de la superioridad social de lo árabe, sobre todo si ésta estaba vinculada a la familia del profeta o a la antigüedad de sus “compañeros”, ni las prácticas de solidaridad tribal y de confrontación con otras procedencias tribales o de clan dentro de una misma tribu.
Prima la conciencia de solidaridad: la sebiya que llegaría desde los miembros de una tribu hasta la propia umma y que en general son independientes de la condición socioeconómica e interfiere en el campo y en la ciudad
El Islam, que no legaliza ninguna distinción social ni étnica, sí que legaliza la distinción confesional. No hay diferencia jurídica, lo que prima es la solidaridad. Pero los particularismos regionales pondrán en peligro al propio Imperio: bereberes y kurdos. También existieron ciertos grupos de No asimilados: Zíngaros que fueron objeto de desprecio.
El gran fenómeno social del califato fue la ascensión de los mawali o conversos de origen no árabe iraquíes e iraníes, desde su primitiva situación de inferioridad en época omeya, hasta la plena igualdad en época abbasí (bereberes).
Las funciones militares y religiosas están prohibidas a los no musulmanes, mientras las administrativas están normalmente en manos no musulmanas.
Fuera de la comunidad de creyentes permanecían los fieles, a los que se ofrecían dos opciones: la conversión o la esclavitud. En caso de que se tratara de Hombres del Libro (cristianos, judíos y mazdeos, zoroastrismo, cuyas religiones se consideraban antecedentes imperfectos del Islam), podían permanecer en situación de protegidos, dimmies, por lo que se les otorgaba un estatuto en lugar de actuar coactivamente contra ellos. Pero tal protección establecía una desigualdad perpetua, porque el dimmí no era ciudadano del Islam, dada su condición religiosa, ni podía participar en el mismo régimen político y fiscal que los creyentes. Su singularidad religiosa y jurídica se plasmó en la existencia de barrios separados en muchas ciudades, lo que perpetuaba la marginación y, sobre todo, en el pago de los dos impuestos clásicos (jaray y yizya).
La esclavitud era la base de la sociedad: en algunas tribus árabes, algunas familias eran consideradas moralmente como alguna especie de nobleza: la familia del Profeta (descendientes de Alí), que llegó a tener miles de individuos. Ésta es la única familia que estará dispensada del zakaat, pero el Islam era una sociedad de esclavos y la igualdad de todos los hombres implicaba deberes ante él, pero no la supresión de la esclavitud: debían ser tratados convenientemente, y los malos tratos probados traían consigo la manumisión.
Los esclavos podían ser vendidos excepto los hijos menores de 7 años que lo serían junto a su madre. Podían ser tomadas como concubinas y ellas y sus hijos quedarían libres a la muerte del amo. No podían ocupar puestos relevantes desde el punto de vista político o religioso, pero sí podían ocupar cargos administrativos al servicio del Señor, incluso el funcionariado.
La adquisición de esclavos se hacía en países en guerra, África negra, Estepa Turca y África Oriental. Lo esencial es el carácter doméstico del esclavo, no siendo equiparable al campesino.
Libertos: siempre vinculados al antiguo señor.
La familia es la célula base bajo dominio masculino. El derecho de familia islámico se fundaba en prescripciones religiosas estrictas, que permitía, pero no recomendaba especialmente la poliginia (hasta 4 mujeres),sobre todo de forma financiera, las relaciones homosexuales y serviles y regulaba el caso de repudio de la mujer, que gozaba de garantías materiales muy precisas.
El consentimiento de la poligamia, que sólo era posible económicamente para los más favorecidos, provocó una protesta de las clases menos favorecidas llamada “La Comunidad de Mujeres” ante el acaparamiento por parte de la aristocracia de las mujeres.
La discriminación judicial, que era una garantía y los no musulmanes recurren a ella constantemente y es por ello que para evitar la contaminación dictan medidas para obligar incluso a los protegidos a llevar vestimentas diferentes y a elevar sus casas.
El ámbito del derecho penal y disciplinario conoció también una homogeneización casi completa en el dominio islámico. Los delitos más graves eran los de sangre. Algunos delitos especialmente graves tenían pena de muerte, pero lo más habitual es que se aplicaran otras menores con intención de crear temor y ejemplo.
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